Sebastian, Síndrome de

 

 Sinónimos:

Plaquetario de Sebastián, Síndrome

Descripción en lenguaje coloquial:

El síndrome de Sebastian es una enfermedad hematológica rara del grupo de las macrotrombocitopenias. Las macrotrombocitopenias (plaquetas circulantes gigantes y en número escaso) hereditarias con herencia autosómica dominante son tres enfermedades: la anomalía de May Hegglin, el síndrome de Fechtner y el síndrome de Sebastian, que es la enfermedad descrita mas recientemente. Todas ellas comparten la tríada clínica de trombocitopenia (disminución de las plaquetas circulantes, que intervienen en la coagulación de la sangre), plaquetas grandes e inclusiones leucocíticas características.

Greinacher y Mueller Eckhardt en 1990 describen el síndrome plaquetario de Sebastian, como una enfermedad hereditaria que se caracteriza por plaquetas gigantes con presencia de inclusiones neutrofílicas observables con el microscopio electrónico. Estos cuerpos de inclusión están formados por filamentos dispersos, ribosomas (parte de la célula compuesta por ácido ribonucleico y proteínas que interviene en la síntesis de proteínas) y ocasionales fragmentos de retículo endoplásmico liso y rugoso (parte de la célula con participación en la fagocitosis y en el metabolismo de los lípidos).

Existen casos descritos en todas las razas, y se conocen casos de aparición familiar con ancestros de origen árabe y africano.

La enfermedad hasta 1999 se consideraba extremadamente rara, ya que sólo se habían descrito cuatro casos, aunque gracias a la tecnología cada vez se diagnostican más pacientes.

En este tipo de síndromes macrotrombocitopénicos el número de megacariocitos (células de la médula ósea, precursoras de las plaquetas) y la cinética de las plaquetas son normales, por lo que el mecanismo de producción de estas plaquetas gigantes sigue sin conocerse.

Las manifestaciones clínicas hematológicas pueden ser muy variables. La mayoría de los pacientes presentan una historia de tendencia al sangrado de carácter leve pero recurrente o están asintomáticos, aunque también se han descrito pacientes que han presentado hemorragias postquirúrgicas severas.

Las plaquetas pueden variar mucho en cuanto al número pero por lo general están disminuidas, los recuentos oscilan entre las 120.000 plaquetas/microlitro en los casos leves y las 20.000 plaquetas/microlitro en los casos severos, con un volumen plaquetario medio de 15-20 fl. Dado que la desestructuración del sistema microtubular, sólo es apreciable al microscopio electrónico, las plaquetas, salvo por su tamaño, son de morfología normal. No se han detectado defectos en la membrana plaquetaria; por el contrario se detectan alteraciones en los test de función in vitro.

El diagnóstico se realiza por la historia de trombocitopenia con plaquetas gigantes, la ausencia de sordera y cataratas y la demostración de los infiltrados leucocíticos característicos.

El diagnóstico diferencial debe hacerse con los otros dos síndromes macrotrombocitopémicos: con respecto a la anomalía de May Hegglin son entidades clínicas muy similares, que se han diferenciado por los cambios ultraestructurales (visibles al microscopio electrónico), ya que en el síndrome de May Hegglin los cuerpos de inclusión leucocitarios (en los glóbulos blancos de la sangre) son muy diferentes, están formados por filamentos de 7-10 nm que se disponen en paralelo, y les proporcionan un aspecto fusiforme; mientras que el síndrome de Fechtner es una entidad con idénticas alteraciones ultraestructurales que el síndrome de Sebastian, pero con clínica muy diferente, los pacientes presentan además de las alteraciones hematológicas, sordera neurosensorial, cataratas (opacidad del cristalino) y nefritis (inflamación del tejido renal), por lo que dicho síndrome de Fechtner recuerda al síndrome de Alport, del cual se considera incluso una variante fenotípica, por algunos autores.

También debe hacerse el diagnóstico diferencial con otras enfermedades en las que aparezcan alteraciones de granulación en los leucocitos, como el síndrome de Chediak Higashi, la anomalía de Alder Reilly, la granulación tóxica, los cuerpos de Dohle, etc.

En la literatura de la última década, se ha debatido ampliamente sobre si los síndromes de Fechtner y Sebastian son la misma enfermedad o se trata de diferentes enfermedades con diferente penetrancia genética (proporción de portadores del gen que manifiestan el síndrome) y consecuentemente, diferentes grados de expresión fenotípica (fenotipo es el aspecto físico que aparece como consecuencia de la expresión de un gen).

Los tres síndromes, May Hegglin, Fechtner y Sebastian, se heredan como un rasgo genético autosómico dominante y el consorcio creado para el estudio de los síndromes de May Hegglin y Fechtner acepta desde el año 2000 que el síndrome de Sebastian se debe también, al igual que los dos anteriores, a mutaciones en el gen MYH9, aceptándose que estos tres síndromes se deben a mutaciones alélicas (alelo es la parte de la herencia materna o paterna que se hereda de un gen) en el mismo gen, que se ha identificado en el brazo largo del cromosoma 22 (22q11.2). Este gen que codifica una cadena pesada de la miosina no muscular, y del cual se han identificado más de seis mutaciones hasta la fecha, se expresa en las plaquetas y alcanza su máximo grado de regulación durante la diferenciación granulocítica (los granulocitos son un tipo de células blancas de la sangre); así mismo algunas de sus mutaciones, parecen desempeñar un papel importante en los mecanismos de producción de la sordera neurosensorial, las cataratas y la nefritis.

La progresiva implantación de contadores celulares automáticos, permite identificar un número cada vez mayor de enfermos asintomáticos, pero a menudo erróneamente diagnosticados de trombocitopenia autoinmune.

Es importante investigar la posibilidad de este tipo de enfermedades en los familiares y pacientes con trombocitopenia, interesándose especialmente por la historia familiar de manifestaciones clínicas renales, sordera o catarata.

El diagnóstico diferencial con la púrpura trombocitopénica idiopática puede ser difícil, pero es importante realizarlo para evitar los tratamientos agresivos propios de la púrpura trombocitopénica idiopática, como la terapia prolongada con esteroides y la esplenectomía (extirpación quirúrgica del bazo) que son innecesarios en el síndrome de Sebastian.

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