Sinónimos:
Marchiafava Michelli, Síndrome de
Descripción en lenguaje coloquial:
La hemoglobinuria paroxística nocturna es una anemia
(disminución de los hematíes, que son las células rojas o glóbulos rojos de la
sangre) hemolítica (por destrucción prematura de los glóbulos rojos) crónica
(que tiene un curso prolongado por mucho tiempo), causada por un defecto en la
membrana de dichos hematíes.
La hemoglobinuria paroxística nocturna fue
descrita por primera vez en 1882.
Se caracteriza por hemoglobinuria
(presencia de hemoglobina, en la orina) y hemoglobinemia (presencia de
hemoglobina, en el plasma) paroxística nocturna, llamada así porque la hemólisis
intravascular, ocurre en crisis y por la noche, durante el sueño, después de
situaciones desencadenantes, infecciones, esfuerzo físico, vacunaciones, ingesta
de ácido acetilsalicílico. Aparece en ambos sexos a cualquier edad, pero es algo
mas frecuente en mujeres entre los 30 y 40 años. Su incidencia es de
aproximadamente de 1/100.000.
La alteración fisiopatológica
(fisiopatología es el estudio del funcionamiento del organismo o de un órgano,
cuando está alterado por una enfermedad) de la hemoglobinuria paroxística
nocturna consiste en un defecto adquirido en el gen GPI-A3, siendo el resultado
un déficit de grupos GPI (glucosilfosfatidilinositol). Los grupos GPI favorecen
el anclaje de distintos inhibidores del complemento (globulina presente en el
suero sanguíneo que interviene en las reacciones inmunológicas por sus
propiedades neutralizadoras, solamente cuando un anticuerpo específico se fija
sobre el antígeno) a la membrana celular.
Clínicamente es una enfermedad
polimorfa, caracterizada la mayoría de las veces por un síndrome hemolítico
crónico, con exacerbaciones que suelen aparecer durante el sueño. Las crisis de
agudización agravan el cuadro anémico, orinas colúricas, esplenomegalia (bazo
anormalmente grande), ictericia (coloración amarilla anormal de la piel) y
hemosiderinuria (presencia de hemosiderina en la orina), leucopenia (disminución
de las células blancas de la sangre). A consecuencia de la neutropenia (niveles
anormalmente bajos de neutrófilos, un tipo de células blancas de la sangre) y
por defecto de la función de los granulocitos se produce un defecto inmunitario
que favorece las infecciones, y trombocitopenia (disminución de las plaquetas
circulantes, y que intervienen en la coagulación de la sangre).
También
pueden presentar dolor abdominal, de espalda y de cabeza.
El mal
pronóstico se relaciona con la aparición de anemia aplásica (aplasia es la
ausencia de desarrollo), de complicaciones trombóticas (trombosis es la
formación de coágulos en las arterias y las venas) de territorios venosos, cuya
localización más típica y grave es el síndrome de Budd Chiari.
El
diagnostico es clínico y de laboratorio, los hallazgos de laboratorio más
importantes son: la pancitopenia (disminución de las tres series celulares
sanguíneas a la vez, hematíes o glóbulos rojos, leucocitos o glóbulos blancos y
plaquetas), y los signos de hemólisis: aumento de los reticulocitos (un tipo de
glóbulo rojo), elevación de la LDH y bilirrubina y descenso de la haptoglobina,
acompañados de ferropenia (niveles anormalmente bajas de hierro sérico) por la
hemosideruria (niveles anormales de hierro en orina) crónica, la prueba de Ham
(hemólisis eritrocitaria provocada en un medio ácido), resulta diagnostica si es
positiva. También pueden identificarse los defectos proteicos de la membrana.
El pronóstico de la hemoglobinuria paroxística es muy variable, siendo
la supervivencia superior a 10 años.
No existe tratamiento específico de
la enfermedad. No es aconsejable el tratamiento con hierro pues el aumento de
eritropoyesis (mecanismo por el que se forma la sangre) hace más graves e
intensos los episodios de hemólisis.
El tratamiento de la anemia y la
trombocitopenia se realiza con transfusiones de componentes sanguíneos
desleucocitados, el uso de corticoides y anticoagulantes heparina y
dicumarinicos, si existe trombosis mejora el pronóstico. En general no está
indicada la esplenectomía (extirpación quirúrgica del bazo). La aplasia medular
se trata con ciclos de inmunosupresores del tipo de la porina A o suero
antilinfocitario. Puede también hacerse trasplante de médula ósea si cursa con
aplasia medular grave.
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