Sinónimos:
Degos, Síndrome de Degos Kohlmeier, Enfermedad
de Papulosis Atrófica Maligna
Descripción en lenguaje coloquial:
La enfermedad de Degos es una enfermedad sistémica muy rara.
Origina una vasculopatía (nombre genérico de enfermedad de los vasos) de
afectación múltiple, que asocia un mal pronóstico y una elevada mortalidad.
Fue descrita por primera vez por Robert Degos en 1942.
La
etiología (estudio de las causas de las enfermedades) es desconocida, se han
involucrado factores infecciosos como virus lentos, mecanismos autoinmunes
(reacciones agresivas del organismo frente a sus propios componentes, que se
comportan como antígenos) y factores genéticos, que alterarían la fibrinolísis
(mecanismo de destrucción de la fibrina) y serían la causa de una alteración del
endotelio (capa celular, en contacto con la sangre, que recubre la pared del
vaso); la lesión primaria del endotelio, conlleva a su proliferación y
secundariamente a este fenómeno a trombosis (formación de coágulos en las
arterias y las venas) del vaso e infarto (zona de necrosis, muerte de un tejido,
localizada en un tejido, vaso, órgano o parte del mismo) tisular.
La
enfermedad tiende a aparecer en la juventud y la edad adulta aunque puede
hacerlo a todas las edades. La afectación es de predominio masculino (3:1) y no
hay preferencias étnicas.
Si bien la vasculitis es sistémica, y afecta a
vasos de pequeño calibre en todo el organismo suele aparecer principalmente en
piel, tracto gastro intestinal y sistema nervioso central (sistema formado por
el encéfalo y la médula espinal).
Clásicamente se define como una
papulosis atrófica (atrofia es la disminución de volumen y peso de un órgano)
maligna, con rasgos clínicos característicos: lesiones papulosas (pápulas son
pequeñas elevaciones de la piel) que evolucionan hacia la necrosis (muerte de un
tejido), formación de escamas semejantes a la porcelana, cicatrices y
telangiectasias (dilatación de los vasos sanguíneos de muy pequeño calibre)
periféricas a las mismas.
La enfermedad cursa en fases clínicas muy
diferenciadas:
La primera fase es cutánea. La primera manifestación es
la aparición, en forma de brotes, de algunas pequeñas pápulas, inicialmente
hemisféricas de color rosa pálido, y que gradualmente modifican el aspecto al
deprimirse su centro y adquirir coloración blanquecina. Estas pápulas, de unos 5
mm. de diámetro, no dolorosas ni pruriginosas (que producen picor), suelen
aparecer en tronco y miembros inferiores, y por lo general respetan cara, cuero
cabelludo, palmas y plantas. Excepcionalmente pueden aparecer estas lesiones
afectando también a las mucosas de la boca o de los genitales. Las pápulas
adquieren gradualmente un aspecto característico: una cicatriz central con
apariencia de porcelana, umbilicada, rodeada de un halo rojo o violáceo asociado
con finas telangiectasias.
En el espacio de algunas semanas o meses y
excepcionalmente años, se suceden varios brotes apiréticos (sin fiebre) y
después sobreviene por lo general de forma brusca la segunda fase.
La
segunda fase es sistémica. La afectación predominante es la del tubo digestivo;
suele afectarse preferentemente el intestino delgado, aunque en situaciones
excepcionales las lesiones pueden afectar a cualquier tramo desde la cavidad
bucal hasta el año, por lo que los síntomas varían dependiendo de la zona
afectada. El paciente puede presentar síntomas poco específicos como sensación
de flatulencia, diarrea, estreñimiento o distensión abdominal.
En los
casos más severos el síntoma fundamental es un cuadro de dolor abdominal agudo,
diarrea y pérdida de peso. El dolor se debe a peritonitis (inflamación aguda de
las membranas que cubren la cavidad abdominal), por perforación de las numerosas
placas que aparecen en el intestino delgado, lo que da lugar a una serie de
alteraciones vasculares, que afectan a las arterias de pequeño y mediano calibre
produciéndose una arteriopatía (nombre genérico de enfermedad de las arterias)
oclusiva localizada, con trombosis secundaria.
El pronóstico en esta
fase es malo, pudiendo, según la extensión de la lesión, ser mortal en el curso
de pocos días.
La enfermedad puede afectar a los sistemas nerviosos
central y periférico, en el 20% de casos, siendo las principales manifestaciones
la aparición de hemiplejia (parálisis de un lado cuerpo) y pérdidas de
sensibilidad de grado variable; y las menos frecuentes cefaleas (dolores de
cabeza), trastornos mentales y lesión aislada de pares craneales.
En
ocasiones se pueden observar síntomas de afectación oftalmológica, siendo la más
frecuente la aparición de zonas parcheadas avasculares pálidas en la conjuntiva,
pero pueden llegar a afectarse cualquiera de las estructuras del ojo.
En
casos muy aislados se han descrito también lesiones en el corazón, hígado
pulmones, riñones y vejiga.
De forma excepcional, la afectación
intestinal puede preceder a la cutánea.
El diagnóstico de sospecha es
clínico, la presencia de pápulas eritematosas con una depresión central
blanquecina (Porcelana-like) y un anillo periférico de telangiectasias es
característico de la enfermedad. Ante estas lesiones en la piel, se recomiendan
endoscopias de control incluso en pacientes sin síntomas digestivos para
detectar úlceras intestinales
El diagnóstico de confirmación se basa en
los hallazgos histológicos (histología es la parte de la anatomía que estudia
los tejidos que forman los seres vivos):
En piel: vasculitis
necrotizante de pequeño vaso, pudiendo objetivarse depósitos de mucina en
dermis.
En intestino:
1/ presencia de parches atróficos
blanquecinos y múltiples
2/ parcheado inflamatorio en serosas
3/
ulceraciones de la mucosa del intestino, rodeadas de congestión intensa
4/ signos de vasculitis de pequeño vaso, en arterias y
venas con
fenómenos de trombosis asociados
Los pacientes suelen fallecer al cabo
de unos tres años de aparecer las primeras manifestaciones sistémicas de la
enfermedad, por perforación intestinal o en aproximadamente el 60% de los casos
por infarto cerebral.
Dado el mal pronóstico de la enfermedad si se deja
evolucionar, ante un cuadro abdominal agudo compatible con perforación de
víscera hueca, se debe interrogar sobre antecedentes de afectación cutánea.
En las fases iniciales de la enfermedad se debe establecer el
diagnóstico diferencial con otras vasculitis, incluida la lúpica.
No
existe tratamiento efectivo para esta enfermedad. Cuando se desarrolla la
afectación sistémica, algunos estudios recomiendan el empleo de anticoagulantes,
antiagregantes y fibrinolíticos útiles para disminuir la sintomatología y
prevenir el deterioro posterior. El tratamiento con plasmaféresis,
corticosteroides o inmunosupresores no ha demostrado ser efectivo.
El
tratamiento quirúrgico, está indicado sólo si las lesiones son muy localizadas y
el resto del intestino está sano. Por el contrario si la afectación es más
extensa o difusa, no se suele indicar tratamiento quirúrgico, puesto que una
extirpación masiva del intestino supone una cirugía de alto riesgo y que genera
graves e importantes secuelas.
A partir de 1997, en algunos casos
descritos de esta enfermedad, se han implicado factores genéticos; en estos
casos se cree que se hereda como un rasgo autosómico dominante.
Asociaciones:
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