Descripción en lenguaje coloquial:
El síndrome de Cogan es una enfermedad rara consistente en la
asociación de episodios de queratitis (enfermedad con aumento del desarrollo y
engrosamiento de la córnea del ojo) intersticial no sifilítica y disfunción
audio vestibular en un plazo que no supera los dos años.
Afecta de forma
característica a los adultos jóvenes. En las dos terceras partes de los casos
pueden afectarse otros órganos y en un 33% de las ocasiones la enfermedad
asemeja una vasculitis (inflamación de un vaso sanguíneo) sistémica.
Recientemente se sugiere que el síndrome de Cogan es una enfermedad
autoinmune (reacciones agresivas del organismo frente a sus propios componentes,
que se comportan como antígenos), mediada por una respuesta de hipersensibilidad
(estado en que el organismo reacciona a los agentes extraños, más enérgicamente
de lo normal) a uno o más agentes infecciosos y asociada a vasculitis. Se han
descrito casos precedidos por infecciones respiratorias del tracto superior, por
lo que es probable que una infección vírica desencadene una respuesta de
anticuerpos que desarrolle una reactividad cruzada contra proteínas similares
localizadas en el sistema audio vestibular, el ojo y ocasionalmente otros
órganos, originando una posible deficiencia de mecanismos citotóxicos en
respuesta al antígeno que pone en marcha el proceso.
La queratitis
intersticial cursa con fotofobia (sensibilidad anormal a la luz, especialmente
en los ojos), lacrimeo y dolor ocular. Los síntomas audio vestibulares, tinnitus
(repiqueteo percibido en uno o ambos oídos), hipoacusia (disminución de la
capacidad auditiva, pérdida del oído) neurosensorial y vértigo precedido o no de
nauseas, con un cuadro clínico similar en sus manifestaciones al síndrome de
Ménière (accesos bruscos de vértigo, acompañados de zumbidos de oídos y sordera
de duración variable desde segundos a días, seguidos de intervalos de
normalidad), pero cuya evolución es hacia una sordera de instauración rápida, en
el plazo de unos tres a cinco meses, en el 60% de los casos.
La
afectación tanto ocular como de la audición habitualmente es bilateral.
Las formas atípicas de la enfermedad de Cogan se manifiestan como una
lesión ocular inflamatoria diferente a la queratitis intersticial, del tipo de
conjuntivitis (inflamación de la conjuntiva del ojo), iritis (inflamación del
iris), escleritis (inflamación de la esclerótica del ojo), coroiditis
(inflamación de la coroides) y papiledema (edema de la papila óptica). Estas
alteraciones oculares suelen darse en lugar de la queratitis típica, pero
también pueden acompañarla. También se habla de formas atípicas cuando se da la
misma asociación de manifestaciones que en la forma típica, pero el plazo en que
aparecen es superior a los dos años.
Entre las manifestaciones
sistémicas aparte las infecciones son frecuentes manifestaciones
cardiovasculares, músculo esqueléticas, neurológicas digestivas y cutáneo
mucosas.
El diagnóstico se basa en la asociación en un tiempo aproximado
de dos años de síntomas de afectación cocleo vestibular y de inflamación ocular,
pero la gran diversidad de las manifestaciones clínicas oftalmológicas y audio
vestibulares hacen que el diagnóstico resulte difícil.
La exploración
oftalmológica puede evidenciar infiltrados subepiteliales periféricos y un
examen otológico hipoacusia neurosensorial, afectaciones que pueden ser
bilaterales. La prueba para sífilis es negativa. Se aconseja un estudio
protocolizado de enfermedad sistémica autoinmune, que incluya Resonancia
Magnética Nuclear craneal para estudio de región laberíntica. El estudio de los
linfocitos T (un tipo de leucocitos o glóbulos blancos de la sangre) de sangre
periférica mediante citometría de flujo, puede evidenciar elevación del cociente
CD4/CD8, por disminución de células CD8 y una población disminuida células T
citotóxicas nativas. Por el momento no existe ninguna prueba biológica
específica de utilidad diagnóstica para esta enfermedad.
El pronóstico
lo marcan la evolución a la sordera y las complicaciones cardiovasculares,
especialmente la presencia de insuficiencia aórtica.
El tratamiento
suele hacerse con corticoides administrados en forma de pulsos. Resultan útiles
en el tratamiento de las manifestaciones oculares y sistémicas, pero no mejoran
el problema auditivo. En caso de resistencia o dependencia a los corticoides
pueden estar indicados los inmunosupresores.
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